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"Traidores" - Diango Hernández

Diango Hernández

Inicio: 01-03-2006
Fin: 31-05-2006

NOTA DE PRENSA

 Diango Hernández nació en la ciudad de Sancti Spiritus, en Cuba, en 1970.

La mera descripción de sus piezas remite de inmediato a la idea que las convoca. La Taxi-limosina, fabricada con tres coches Lada rusos que compraron en Polonia, para unirlos y construir una limusina de más de seis metros de longitud, convertida en taxi colectivo de lujo, en cuyo techo se colocan bultos y maletas atados con una cuerda, expuesta en Atravesados. La instalación en el Project Rooms de su galería en ARCO 2005, Palabras -incluido por Rosa Martínez en el Aperto de la Bienal de ese mismo año-, que aborda las tensas relaciones cubano-norteamericanas, desde la metáfora del poste eléctrico derribado (“la electrificación fue el más importante de los planes económico-estratégicos de Lenin para los países socialistas, tenía una misión importante, llevar a los lugares más lejanos la industria de la propaganda”, dice Hernández), y los símbolos de las banderas y los himnos nacionales, los monumentos y sus transformaciones ideológicas, hasta su dilución vertiginosa en un tráfago que es una mezcla de tragedia y demagogia. Y ahora, las dos instalaciones que muestra, Living room partido y Bebe de mis rosas, especialmente la primera, una habitación partida en dos, mesas, sillas, lámparas, un televisor, etc. cortados, y dos viejas máquinas de escribir, cuyas teclas componen en una la palabra “traido – es”; mientras la otra presenta en una hoja el sustantivo escrito y en las paredes cuelgan, en papeles sajados, dibujos de extraños artilugios que pensamos domésticos.

Cuarenta y cinco años antes de que naciese Diango lo hizo, en Santiago de las Vegas, Cuba, el escritor Italo Calvino, autor de un cuento, incluido en la trilogía Nuestros antepasados, cuyo protagonista, Medardo de Terralba, fue partido en dos por un cañonazo de los turcos, llevando, desde entonces, sus dos partes vida independiente. Buena hasta lo insoportable la una, mala hasta la exasperación la otra, no hayan satisfacción, ni tampoco el lector, hasta que la fuerza del amor vuelve a unirlas y Medardo conoce la sabiduría que proporciona la extraña reunión del bien y el mal sin que ninguno sea más identificable que el otro. “¿Quién me ha partido en dos? -se pregunta Diango Hernández-, Traidor él, traidor su plan y sus cómplices?”
El vizconde demediado quizás tenga su reflejo o su doble final en Bebe de mis rosas, en la que sobre una escribanía vacía, alumbrada por una solitaria bombilla y de la que emerge una chimenea, y contra el fondo de la canción del maestro Lecuona del mismo título, sangra la rosa de la canción protesta y aparece una nota: “Nosotros producimos más traidores que rosas”.