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La metáfora viaja en Bus

Federico Guzmán

Inicio: 01-02-2004
Fin: 20-03-2004

NOTA DE PRENSA

La ciudad se ha visto tranquila desde que hace seis meses Federico Guzmán (Sevilla 1964) se encerró en su estudio de Triana a recopilar nuevos trabajos y reciclar sus experiencias. Después de proyectos de colaboración con el colectivo Cambalache en Torino, Londres y Stuttgart, Federico presenta sus últimos trabajos individuales en la galería de Pepe Cobo. Pinturas, dibujos y esculturas que son un recorrido de sabores, colores y momentos de alegría visual con propiedades terapéuticas para el propio artista. Una recolección de frutos artísticos desde la ultima vez que disfrutamos de su arte en Matitas Divinas, CAAC 2002.

Como en Atenas, donde los autobuses de transporte público se llaman metaphorai, el artista aborda la experiencia estética con el equipaje de la imaginación poética. Para la mayoría de nosotros, la metáfora es un mecanismo de la poesía y la retórica. Un asunto del lenguaje, más que del pensamiento y la acción. Como señalan George Lakoff y Mark Jonson (lingüista y filósofo respectivamente), la metáfora inunda la vida cotidiana, no sólo el lenguaje, sino también el pensamiento y la acción. Nuestro sistema conceptual ordinario, en términos de lo que pensamos y hacemos, es de naturaleza fundamentalmente metafórica.

La vida cotidiana toma textos escritos y construye relatos, lee mapas e imagina recorridos, encuentra lugares y practica espacios, toma sentidos literales y abre caminos figurados que metaforizan el orden, construyen aventuras y le dan sentido propio. Relatos, cotidianos o visuales, que son nuestros transportes colectivos, nuestras metaphorai. Todo relato es un relato de viaje, una práctica de espacio. El relato de las prácticas, aventuras narradas que producen geografías de acciones y derivan hacia los lugares comunes de un orden, no constituyen solamente un suplemento de las enunciaciones peatonales y las retóricas caminantes. En realidad, organizan los andares. Hacen el viaje, antes o al mismo tiempo que los pies lo ejecutan.

Es así como Federico ha salido de excursión a la caza y recolección de metáforas de la imaginación popular (de la que en Andalucía somos expertos) y también de cosecha propia. En las pinturas, nos sumergimos en la paleta de colores de la pintura, en la fenomenología del color, solo para reconocer lo que ya habíamos visto una vez: los colores lindos y esbeltos de la vida de la vida. La naturaleza es la mano que pinta, el pulpo que pinta o las plantas que pintan. Sentados en una rueda de caucho que cuelga del techo echando raíces en el aire, el artista nos invita a compartir sus fosfenos y saborear una obra que es siempre una colaboración con otros. Con los chupachups medicinales (balsámicos, digestivos, antidepresivos y excitantes) que se regalan en la exposición, Federico abre un diálogo entre el material, el valor de uso y el valor de cambio de un arte que se puede contemplar, tocar, oír, oler y chupar.

Como la mata de habichuelas mágicas de Juanito, los signos y retazos de narraciones se enredan unos con otros creciendo en la pequeña maceta del mundo: los semáforos bailan a la luz del yagé, los meteoritos golpean la cuadrícula de nuestras ideas preconcebidas en las ruedas que conducen nuestros sentidos en espiral hacia la luna.

Como se puede imaginar a partir de todo esto, a Federico no le gusta trabajar, o más bien no distingue entre el trabajo y el ocio. Ama lo que hace pero lo que le gusta es el rebusque, hacer chanchullos y darle la vuelta a la tortilla. Está convencidos del potencial político que contienen la diversión y la risa. Como artista individual puede desaparecer o multiplicarse en el colectivo cuando sea necesario. Está a la búsqueda de un arte capaz de modelar el proceso de representar un futuro desconocido. Un proceso que muestre las contradicciones en las que vivimos para que puedan ser sentidas y comunicadas a un nivel cultural. Desea obtener, en vez del conocimiento abstracto y limitado que se da por suficiente, un conocimiento más respetuoso con nosotros mismos y las realidades que confrontamos cada día. A partir de ahí… todo.