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Dos Clausuras - Sevilla

Sevilla

DESCRIPCIÓN

 

Pepe Cobo.

 

Dos Clausuras en la Sala de exposiciones Cajasol en Sevilla | 8 de marzo - 15 de abril de 2019.

El hilo conductor de esta exposición arranca el día en que Pepe Cobo decide poner rumbo a Lima. Es allí donde se localiza el origen de este proyecto. Poco a poco, va descubriendo raíces y conexiones entre su ciudad, Sevilla, y la capital de Perú. No son solo las históricas y culturales glosadas en libros y crónicas de época, sino aquellas que se tejen en un trozo de tela decorado con llamativos motivos ornamentales: exuberantes y exóticos. Recuerdo aquel viaje en tren con Pepe a mi lado en el que me iba hilvanando estos descubrimientos personales. Durante aquel trayecto Madrid-Sevilla, me iba enseñando fotos de las bellas polleras (faldas) peruanas que había localizado en los mercadillos del país hispanoamericano y me especificaba las relaciones que había descubierto en los pespuntes que dibujaban estos detalles entre andinos y barrocos y los mantones de Manila, tan sevillanos. Con el traqueteo del tren de fondo, él iba contándome apasionadamente que -más allá de las grandiosas evidencias de un tipo de arte barroco o de una arquitectura colonial- Lima y Sevilla dialogaban en secreto a través de metáforas como éstas en las que casi nadie cae por pasar desapercibidas, considerarlas banales (hasta frívolas) y que lo mismo te llaman la atención desde el escaparate de una tienda sevillana que bajo el humilde techado de un puesto callejero en la extensa geografía peruana; que igual se lucen y seducen en la solemnidad de una fiesta religiosa que en las calles y durante el popular jolgorio cotidiano. Aunque él todavía no lo sabía (ni yo tampoco), ya estaba esbozando los orígenes del proyecto expositivo que ahora presenta, y cuyo primer capítulo, desde el que arranca esta historia, fue titulado título “Flores de Lurigancho”.

Podríamos considerar que “Flores de Lurigancho” es la exposición de la que parte la actual de “Dos clausuras”. Sin las indagaciones que implicó ese trabajo no hubiéramos llegado al proyecto actual. Sin aquella documentación real y emocional, Pepe Cobo no hubiera podido ahondar en las muchas lecturas que se presentan en “Dos clausuras”. Aquellas “Flores de Lurigancho”, que se expusieron en 2017, parten de las primeras impresiones de Pepe Cobo en Perú, cuando ve unos trozos de tela tan ricamente ornamentados -como son las polleras- que le retrotraen a esos mantones de Manila entre cuyos finos hilos se dibujan recuerdos más cercanos y personales. “Las flores de Lurigancho” nacen en esta intersección y se materializan en los trabajos realizados por los presos del penal de Lurigancho en Lima. Pepe Cobo les propone -lógicamente tras pedir mil y un permisos, tras realizar mil y una gestiones-, que, sobre humildes tejidos, borden, con humildes hilos, diferentes motivos por él seleccionados entre los que abundan en los mantones y en las polleras: flores, pájaros, hojas, exotismos varios y sugerentes.

 

El resultado es un conjunto de obras cuya fuerza radica no solo en lo que se ve a primera vista sino también en lo que esconden, todo el trabajo de fondo. En el valor documental que Pepe Cobo guarda en esa maleta de emociones y datos que llena en el curso de esta investigación: un choque de mundos e impresiones en el contacto con los presos, en las visitas al penal. Al conocer cómo es la vida allí dentro, tras los muros. Entradas y salidas recorriendo aquellos pasillos y salas. Conversaciones en frías estancias sobre cuáles son las motivaciones que puedan llevar a estos individuos a cometer delitos atroces por los que cumplen y cumplirán condena de por vida… y cómo, tras ese telón infranqueable de rejas y muros, de condiciones de vida extremas, puede surgir la delicadeza de unas telas bordadas también por esas manos que han cometido delitos innombrables e inconcebibles en muchos casos, clasificados en las peores fichas policiales que uno pueda imaginar... Cómo a través de aquellos trabajos manuales van redimiendo las penas. Al cabo, impresiones que, para Pepe Cobo y para este proyecto, tienen un valor difícil de catalogar pero que resultan vitales para saber del más profundo y oculto significado de un trabajo que no empieza y acaba en la formalidad, la apariencia, de las obras expuestas. 

 

Después de presentar “Las flores de Lurigancho”, Pepe Cobo y yo nos sentamos en una terraza de Sevilla para analizar el resultado de este proyecto y me preguntó si le veía mayor recorrido o si debía quedarse en una sola exposición, un único capítulo: principio y fin. Sinceramente, le comenté que me parecía una pena que no pudiera darle continuidad a este trabajo de investigación y documentación tan intenso y con tanto material en la trastienda. Pero, claro, yo no sabía cómo dar el siguiente paso. La riqueza argumental la tenía él entre sus manos, entre sus vivencias, tenía que darle forma. Empezó a enseñarme imágenes (y sonidos) ocultas de la Semana Santa sevillana. Murmullos de la calle y cantos que salen de los muros de clausura en esos días de devoción extrema. Veníamos de una cárcel de hombres en Lima y aterrizábamos en el recogimiento escondido, vedado al común de los mortales, de los conventos de monjas de clausura sevillanos. Empezaban a surgir conexiones. Pepe Cobo regresó a Lima y ya estaba en marcha el proyecto “Dos clausuras” de título más que sugerente y expresivo. Estaba dando vueltas en su cabeza.

 

La idea que iba formando tenía que ver con establecer algún tipo de diálogo y relación entre esas mujeres que viven un encierro voluntario de por vida, consagradas a su Dios y a su fe, y aquellas otras que sufren penas de cárcel y aislamiento por haber cometido graves delitos de muy distinto calado, más o menos violentos, más o menos radicales. Dos formas de clausura, de aislamiento de la sociedad, bien distintas.

 

Los escenarios elegidos volvían a ser Sevilla (el convento de San Leandro) y Lima (el penal Anexo de mujeres de Chorrillos). Pepe Cobo visita ambos espacios y entabla relaciones y conversaciones con un grupo de presas y con otro de monjas. Para materializar el proyecto actual y relacionarlo con “Las Flores de Lurigancho” tiene que surgir una base sobre la que puedan trabajar ambos colectivos de mujeres. De nuevo, él se encuentra recorriendo pasillos, traspasando rejas, entrando en estancias y zonas vedadas a la inmensa mayoría de las personas. Dónde juegan las presas, donde comen las monjas… Donde expían sus culpas las unas y las otras, como ofrenda y cómo sacrificio, como acto voluntario de entrega a alguien superior y como castigo a unos actos execrables. Su teléfono móvil va a ser el mejor testigo de esos paseos. Capta imágenes aquí y allá: un muro, una puerta metálica y fortificada, la ropa de la colada tendida, una pintada… El día a día en el convento y en el penal, cuyas rutinas los demás desconocemos por completo.

 

Si aquellos presos (hombres) de Lurigancho bordaron flores y exóticos detalles, las mujeres de las dos clausuras coserán sobre aquellas fotos ampliadas en telas más finas y delicadas que las anteriores los detalles que la imaginación les sugiriera. Si la clave era el diálogo y el intercambio de mensajes entre ambos lugares, lo lógico es que las monjas tejieran sobre las imágenes impresas en tela captadas en el penal y las presas, sobre las correspondientes al convento de San Leandro. Por supuesto, si conocerse unas y otras, sin hablar unas con otras, sin establecer otro contacto que ese intercambio de secuencias captadas por Pepe Cobo, en el que él hace también de único intermediario. No olvidemos que los muros de las dos clausuras están ahí, infranqueables. El único código establecido para trabajar a partir de ahora era que no había ninguno: libertad de mensajes y motivos, de interpretaciones. Este es uno de los grandes valores de las piezas expuestas. Unas fotos de esa realidad de los encierros sin filtros sobre las que destacan a veces detalles oníricos, puede que ingenuos, y otros mensajes con un hondo calado personal, testimonios de la vida en el convento y en el penal. Una realidad sobre otra realidad que, a veces, se torna en el mayor de los surrealismos por las escasas relaciones entre unos detalles y otros. Como en aquellos cuadros de los primitivos flamencos, les recomiendo que atiendan bien a los detalles de fondo de estos bordados. En ellos hay más mensajes de fondo de los que uno pueda esperar, más sutiles sugerencias que las que uno pueda presuponer.

 

A lo largo de estas piezas se desarrolla el discurso-núcleo de la exposición. Un hilo argumental que está apoyado por la infinidad de documentos que Pepe Cobo ha ido atesorando en su estudio del terreno. En sus entradas y salidas de las dos clausuras, del convento y del penal. Desde el citado álbum de fotos captadas con su móvil, hasta vídeos de celebraciones colectivas o documentos sonoros, y, sobre todo, conviene destacar el epígrafe dedicado a las entrevistas realizadas a un grupo de reclusas del anexo de Chorrillos y de monjas de San Leandro que han participado en el proyecto. Preguntas sobre su vida, sus anhelos más íntimos, sus arrepentimientos y certezas, cuyas respuestas se plasman en unas cuartillas, unas sencillas hojas de cuaderno. Una precaria caligrafía que dice mucho más de lo que expresan a simple vista, en ocasiones, las propias palabras. Una selección de estos papeles también ocupa un lugar protagonista en la exposición, en el que conviene detenerse aquellas frases y declaraciones seleccionadas por el propio Pepe Cobo.

 

“Dos clausuras” es un paso más en el proyecto que Pepe Cobo puso en marcha hace unos años con aquellas “Flores de Lurigancho”. Un proyecto cultural y artístico de intensas implicaciones humanas y sociales en el que toman todo el protagonismo colectivos y lenguajes que discurren en las orillas de la realidad pero que forman parte de la misma con una renovada fuerza expresiva.